Si no eres muy fan del vino, una buena opción para empezar es el vino rosado. El enólogo René Rentería te explica por qué. 

 

En nuestro país es frecuente identificar el vino rosado como dulce, gracias al posicionamiento de marca que tuvieron en la década de los ochenta estos vinos procedentes de Anjou, con un contenido de azúcar considerable. La ventaja de este estilo de vino es que tiene la frescura de un blanco con los matices aromáticos de un tinto.

Al comprar un vino rosado es importante fijarse en el año de cosecha. Son elaborados para beberse jóvenes, por ello no es recomendable comprarlos con una antigüedad superior a dos años. Recomiendo beberlos a una temperatura entre 10° y 12°.

En lo que respecta al color, existen diferentes matices que van desde el lichi pálido hasta el granate intenso. Los tonos que puede presentar el vino rosado se agrupan en varias categorías. El color de este tipo de vinos no influye en su calidad sino en el estilo y tipo de uva con que se elaboró. Lo importante es que no presente tonos naranjas, ya que eso implica evolución.

Sin embargo, a pesar de que la oferta de vino rosado en nuestro país es escasa, contamos con varias opciones interesantes. Actualmente mi rosado mexicano favorito es el Rosato de la bodega ensenadense Villa Montefiori, elaborado con uva sangiovese o bien el rosé malbec de la bodega argentina Trumpeter, que además tiene la facilidad de contar con taparrosca.

Ambos vinos son muy frescos, fáciles de beber y con una relación precio-calidad que nos invitará a comprar una segunda botella. Por sus aromas y sensaciones, los vinos rosados son compañeros extraordinarios de platillos muy complejos de maridar, tales como curris, y por supuesto platillos de nuestra cocina como unas enfrijoldas, tacos de canasta o qué tal un delicioso chicarrón en salsa verde.

Además de refrescarnos, el vino rosado es una excelente opción para quienes tengan la intención de iniciarse a beber vino. No se dejen llevar por comentarios producto de la ignorancia y dense la oportunidad de probar un vino que armonizará con muchos platos de nuestra gastronomía. El vino es goce no pose. ¡Salud!

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