Resultaría muy pretencioso hablar de la historia del vino en unas cuantas líneas, por ello, he preferido hablar del protagonismo de nuestra milenaria bebida en diversos episodios históricos.

Hablar de la historia del vino es hablar de la historia del hombre. El vino nos ha acompañado desde que nos volvimos sedentarios al descubrir la Agricultura.

Los orígenes de nuestro querido vino se remontan hasta donde se sabe en la región del Cáucaso, en la ex Unión Soviética, fue ahí donde se produjo vino hace cerca de seis mil años.

Hace unas cuantas semanas, unos arqueólogos descubrieron la bodega más antigua del mundo en Armenia, con una antigüedad de poco más de seis mil años; precisamente en esta región donde Noé, fue de los primeros en gozar las delicias de beber en exceso el vino producido de la viña que plantó.

Aunque no se ahogó gracias a su Arca, su memorable embriaguez trajo consigo la primera cruda documentada en la historia.

Los egipcios, a pesar del desierto, no fueron ajenos a beber vino. El mismo Marco Antonio seguramente se valió de una copa vino para seducir a Cleopatra en su faluca, una pequeña embarcación, en un paseo en el Nilo, ¿Qué más se podía pedir en ese tiempo?

Los griegos, incorporaron al vino como parte de su dieta. Posteriormente los romanos continuaron con la siembra de viñas y extendieron el consumo de vino en todo el Imperio. ¿Qué acaso estas dos culturas no veneraban a un dios del vino (Dionisio era a los griegos lo que Baco a los romanos), celebrando fiestas y ritos orgiásticos en su honor?

En otro punto del Mediterráneo, el fundador de una nueva doctrina empezó su vida pública con un milagro: Transformar el agua en vino durante el banquete de una boda en la ciudad de Canaán, eso sí no, por decisión propia sino obligado por su madre.

Y no sólo eso. Aunque para algunos les parezca una interpretación muy pagana del pasaje del Evangelio de las Bodas de Canaán, les guste o no, Jesucristo estableció normas para beber el vino de acuerdo con sus características, así como la importancia del vino en la mesa y una conexión inexorable con la divinidad.

A la caída de Roma, la iglesia católica hace indispensable el cultivo de la vid por motivos religiosos para su rito más importante, la Consagración. El descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en Galicia fue motivo de numerosas peregrinaciones de todos los rincones de Europa, y a lo largo de lo que hoy conocemos como “El Camino de Santiago” se establecieron numerosos monasterios, expandiéndose así el cultivo de la vid y en consecuencia se incorporó a la dieta de los peregrinos queso, pan y la indispensable bebida. Muchos peregrinos prescindían a veces de lo elemental, pero ¿prescindir del vino? Nunca, sino el viaje iniciático estaría incompleto.

La Iglesia fue un factor fundamental para el desarrollo de la enología. Según la leyenda, un monje benedictino encargado de la elaboración del vino en su monasterio, fue quien descubrió que algunos vinos blancos sufrían una segunda fermentación en botella naciendo así un vino “con estrellas”: el champagne.

Mucha gente piensa que la primera bodega productora de vinos en América se encuentra en Sudamérica o en California, sin embargo la primera bodega en todo el continente americano en producir vino se encuentra en México en Parras, Coahuila. Esta bodega produce vino desde 1597 y es Casa Madero.

Actualmente se acrecienta el gusto por el vino y eso nos complace, porque además del placer que produce beberlo no se puede negar que también es cultura. ¡Salud