El experto en vinos René Rentería escribe sobre el santo patrono del servicio del vino y la importancia que tiene este protocolo.

 

A primera vista puede parecer intrascendente el servicio del vino en la mesa; sin embargo, quienes nos dedicamos profesionalmente a este tema conocemos la trascendencia que implica conocer su protocolo de servicio.

El vino revestía tal importancia para la cultura griega que su servicio también fue mitificado. Antes de la Guerra de Troya Ganímedes, un príncipe de la familia real de esta legendaria ciudad, era el encargado de cuidar los rebaños de su padre en las montañas de Frigia (hoy Turquía). Según la leyenda este adolescente era el más bello de todos los mortales. Un buen día Zeus quedó totalmente enamorado de Ganímedes por lo que se transformó en águila y raptó a este príncipe llevándolo consigo al Monte Olimpo.

Además de convertirlo en su amante, Zeus recompensó a Ganímedes inmortalizándolo de manera infantil para siempre y le encomendó el divino privilegio de ser el copero de los dioses olímpicos en sus largas veladas y encuentros, cargo sumamente honorífico. Imagínense lo cautivo del trabajo de Ganímedes como escanciador de vino en las poco serias reuniones de los dioses del Olimpo, en las cuales no podía faltar ni vino ni mucho menos un encargado exclusivo de su servicio.

Ganímedes quedó inmortalizado en la constelación de Acuario. Cuestiones esotéricas aparte, el símbolo de la constelación zodiacal de Acuario no es un hombre que está vertiendo agua, sino el preciado fruto de la vid transformado en vino.

Esta acuariana columna está de fiesta, pues hace doce años que ha compartido con ustedes desde El Financiero la pasión y cariño por el vino.

Felicidades a quienes en estos días festejan su cumpleaños. Brindemos por ustedes y el divino copero. ¡Salud!

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