Conoce cómo es que Ramón Orraca de Grupo Bonito se inició en el mundo de la restauración.

 

Fotos: Braulio Tenorio

Por Carlos Garrido. «Mi corazón siempre ha estado en la restauración», comentó Ramón Orraca Martínez, quien comenzó su carrera en este ramo a la corta edad de 8 años, primero como cigarrero; luego, conociendo cada oficio que se ejercía dentro de los restaurantes de su padre, don Ramón Orraca Manero, quien inició su carrera como restaurantero al conocer a Carlos Anderson, socio fundador de la cadena de restaurantes Carlos’n Charlie’s, quien lo invitó a que trabajaran juntos.

A partir de entonces, en casa, su padre tenía una política: Ramón debía pasar la mitad de cada periodo vacacional del año trabajando. Casi siempre le daban el puesto que él quería, estuvo en la bodega, en la cocina y en el salón de servicio como garrotero.

«Solamente un año que no me fue muy bien en calificaciones, mi papá no me dio a escoger nada y me metió de mozo de baños, una experiencia que me motivó a esforzarme más».

A los 12 años, siendo apenas un adolescente y usando los ahorros de lo que ganaba trabajando con su padre, Ramón decidió comprar gallinas ponedoras y vender los huevos a sus vecinos, lo que resultó en su primer gran negocio.

Ramón Orraca y sus hijos.

Ramón Orraca y sus hijos.

Ya en la edad adulta, pasó por una mala racha, en la cual decidió dejar los restaurantes que tenía y poner un negocio de catering, tan exitoso que, después de ser contratado en 2011 para servir más de 1,800,000 comidas en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, Jalisco, regresó renovado al ámbito restaurantero para abrir Bonito Popfood Condesa, seguido de Bonito Popfood San Ángel, Mexsi Bocu, Zoku por Hiroshi, Fonda Fina, Parián Condesa, Pasillo de Humo y Antojería La Bonita Very Naiz, las ocho marcas que actualmente conforman Grupo Bonito.

Dentro de la restaurantería se ha vuelto una tradición heredar el negocio de generación en generación. Sin embargo, para Ramón Orraca el destino de sus negocios no es una preocupación para él. Su deseo es que sus hijos elijan lo que más les guste, lo que realmente disfruten y lo que los convierta en personas de bien.

Marina, de 16 años, no descarta la posibilidad de desarrollarse en el mundo de los restaurantes; sin embargo, aún no define su postura al respecto. Por su parte, su hijo mayor, Ramón, de 17 años, ya ha desempeñado diferentes puestos en los restaurantes de Grupo Bonito. «Mi papá siempre nos ha involucrado mucho en el negocio, como me en su momento lo hiciera mi abuelo con él. Me gustaría ser restaurantero, y seguir sus pasos, pero también hacer otras cosas», comentó su primogénito.