El término maridaje se ha utilizado frecuentemente para designar la armonía entre vino y alimentos.

La utilización arbitraria de esta palabra, lejos de brindar una orientación para aquellos que desean conocer más sobre el mundo del vino, ha generado más confusión debido a que las ideas que se repiten se basan en experiencias personales, más no en investigaciones científicas comprobadas a través de análisis sensoriales.

Cuando se pretende enseñar maridaje se habla de diversos tipos. Se habla del maridaje geográfico que consiste en combinar los platillos de un lugar determinado con los vinos producidos en la zona. En el caso de Galicia, tenemos los mejores mariscos del mundo que armonizan perfectamente con los vinos de uva Albariño de la zona. Pero esta teoría carece de fundamento cuando viajamos a Michoacán –por citar uno de miles de ejemplos posibles-, que entre sus platos típicos están las corundas y uchepos.

¿Con qué vino podemos maridar estas delicias si este estado mexicano no produce vino? Uno de los “maridajes” más socorridos es el de contraste; ejemplo característico es maridar foie gras o quesos azules con vinos dulces como los provenientes de Sauternes. Se afirma tajantemente que son sabores contrastantes. Pero un sabor contrastante sería el producido por maridar sopa de ver-
duras con oporto. En el primer ejemplo donde se maridan quesos muy especiales con vinos dulces, no es que hagan contraste, sino que son sensaciones disímbolas que se complementan.

Otra teoría sostiene que si el vino huele a chocolate se debe acompañar con esta joya. Aparentemente tiene sentido, pero carece de todo rigor técnico, ya que los vinos tienen cerca de mil aromas diferentes. ¿Cuál debemos considerar para maridar? A veces me responden que el más intenso. Si esto fuera verdad, ¿qué pasaría cuando tenemos un Sauvignon Blanc que entre sus aromas más intensos pudiéramos encontrar la pipí de gato? ¿Le pedimos una muestra a nuestra mascota para lograr el maridaje perfecto?

Otra barbaridad es que para lograr un buen maridaje primero se tiene que dar un bocado y con la boca llena darle un sorbo al vino. Además de ser una peladez y falta de educación se corre el riesgo de dejar sustancias insolubles en la copa que resultan muy desagradables.

Maridaje no es combinar alimentos y comida, sino armonizar las sensaciones que produce la comida para que sean enaltecidas por el vino. No pierdan la oportunidad de experimentar las di-
ferentes sensaciones que provocan ambos y elijan el maridaje que mayor placer les brinde. ¡Salud!