Betty Vázquez, juez de Master Chef México, escribe sobre lo que aprendió en la cocina en su infancia y cómo nadie debe privar a los niños de este deleite. 

 

Por Betty Vázquez*. Cuántos recuerdos tengo de mi niñez, donde un mes parecía un año y donde el único tiempo que se iba rápido era el dedicado a los juegos. Tengo que decir que mucho de lo que sé, lo aprendí en la cocina: una cocina chica con vista al patio de la casa, donde mi abuela me enseñó mucho de lo que soy hoy. Qué suerte la mía; cada una de sus palabras era una enseñanza, con profundos tintes de cariño.

¿Cómo olvidar las tardes hermosas haciendo tareas con los aromas mágicos de una mermelada de guayaba o de un pan de natas? Hacer la tarea en la mesa de la cocina —donde la mirada certera de mi abuela nos señalaba hasta la posición de la espalda y la forma correcta de tomar la pluma—, mientras se hacía la limpieza de los frijoles, lentejas y garbanzos, era el espacio de tiempo dedicado a escuchar historias cargadas de moral y de ética. Compartir la mesa en familia era motivo de mirarnos a los ojos, reír de las increíbles historias de mis padres y aprender de las añoranzas de la abuela.

Recuerdo escuchar a los vecinos jugando en la acera de mi calle, mientras memorizaba el poema «México, creo en ti» de Ricardo López Méndez, que en ese momento no entendía del todo y que hoy, como adulta, veo que de él aprendí el profundo respeto que le tengo a este hermoso país en el que me tocó vivir.

También entendí que los cuchillos cortan y que uno se quema si se acerca sin precaución a un comal que ha estado encendido toda la tarde. En la cocina de mi casa siempre hubo niños, siempre bajo la supervisión de un adulto.

Agradezco esos momentos que me enamoraron de la profesión de la cual he vivido los últimos 37 años y que hoy me da la autoridad de ser juez de uno de los programas con más audiencia en la televisión a nivel mundial: Master Chef en su versión para México.

Trabajar con niños ha sido una experiencia maravillosa. Soy tía de dos que muchas veces me han acompañado en mi cocina no solo para comer lo que ahí se hace, sino también como ayudantes.

Hoy, con el programa, veo las capacidades de los niños; se distingue perfectamente al infante que ha sido guiado y cuidado en los quehaceres de la casa. Son más alertas, diestros, atentos, sensibles e incluso maduros.

No privemos a los niños del maravilloso proceso de crecer guiados por los olores de una cocina en acción, de la responsabilidad de montar una mesa, o del compromiso de ayudar a la limpieza después de una comida en familia.

Recordemos siempre que es alrededor de la mesa donde se convive, se comenta, se comparte, se cuentan historias de vida y se crece.

Invitemos a los niños a la cocina de casa y, a partir de ahí, a continuar con su vida gozando del amor que se genera en este espacio abierto al aprendizaje.

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*Betty Vázquez es chef propietaria del restaurante El Delfín, al interior del Hotel Garza Canela (también propiedad de la familia Vázquez), en San Blas, Nayarit. Es juez de Master Chef México y embajadora de la marca Riviera Nayarit.

Twitter: @chef_betty

garzacanela.com