¿Alguien sabrá realmente cuántas escuelas de gastronomía hay en México? Yo no tengo ni idea y el problema no es la cantidad, sino como siempre, la calidad.

No me malinterpreten, no estoy en contra de las universidades, escuelas o colegios donde se enseñe gastronomía, al contrario, qué bueno que se profesionalice la industria. Lo que me molesta son las mentiras y las falsas promesas que les hacen a los estudiantes. No generalizo, pero la verdad son pocas las escuelas que realmente se preocupan por contratar gente capaz, que haga un aporte significativo, tanto de experiencia como de conocimiento para sus estudiantes.
En mi opinión es una verdadera infamia lucrar con las ilusiones de los jóvenes, a quienes les venden la idea de que saldrán siendo chefs de restaurante, cuando ni siquiera les enseñan lo más elemental para salir a la vida laboral y ser gente competitiva. Comenzando con humildad para entender que salen siendo nada y sabiendo menos.
Sin embargo, no todo es culpa de las escuelas. ¿Cuántos y cuántas se meten a estudiar gastronomía por pasión a la profesión? ¿Cuántos y cuántas se meten a estudiar esta carrera por moda o por creer que es una carrera “facilita” donde no habrá matemáticas y los llevarán a viajar por todo el mundo por su linda carita? ¡Despierten, eso no pasa! Esta es una ocupación llena de sacrificio y trabajo intenso, donde sus primeros 10 años, por lo menos, estarán encerrados en una cocina.
Siempre me preguntan que cuál es la mejor escuela de gastronomía y siempre respondo lo mismo: el trabajo. Yo intento contratar gente de escuelas, pero la verdad duran muy poco, no hay disciplina, todo lo quieren fácil. No hablo de cuál será la mejor o la peor escuela, hablo de que en ambos lados despierten en pro de la industria restaurantera. El comensal acepta cada vez menos la mediocridad: sabe más, viaja más y, por lo tanto, exige más. ¿Qué pasará dentro de 10 años en México si la situación continúa igual?
Espero sus comentarios en mis redes sociales.
@EdgarNunezM