La Cocina Mexicana es picosa, potente, interesante y compleja y se revela en cada plato, ya sea el callejero o el servido con sofisticación en vajilla de diseño.

Generosa, vasta e inspiradora: así es la Cocina Mexicana, la que he tenido la fortuna de saborear y de conocer con más detalle a lo largo de los últimos cinco años. Confieso que México, y en especial su capital, es uno de los destinos gastronómicos más emocionantes del continente americano.

Descubrir una cantina, una taquería de esquina sin pretensiones o sentarse a manteles en un comedor reputado me sigue generando una gran emoción. Gracias al maíz, al compendio de guisos, de chiles, salsas y técnicas auténticas y ancestrales, se logra una explosión de sabores que no dejan indiferente a ningún comensal. Es una comida picosa, potente, interesante y compleja, que echa mano de sus riquezas endémicas y únicas.

El arraigo y el orgullo que la gente mexicana siente por su tradición culinaria son contagiosos y se revelan en cada plato, ya sea el callejero o el servido con sofisticación en vajilla de diseño. Lo que han logrado chefs representantes de la vanguardia mexicana como Enrique Olvera, Jorge Vallejo, Edgar Núñez, Pablo Salas, por solo nombrar a algunos, es revisitar la tradición y ponerla al día en presentación, técnicas y por medio de su visión personal. El resultado no solamente es acertado sino sorprendente, logrando crear una experiencia que siempre encuentra momentos memorables.

Me encanta la cocina tradicional que se vive en las mesas de El Cardenal, El Bajío y en especial en las de Nicos, porque nos recuerdan un patrimonio enorme de sabores y saberes. Para destacar, también está la despensa del mar que utilizan en Contramar y Merotoro de manera sencilla y sabrosa. Los ejemplos son bastantes pero no se trata de dar una lista.

Este país se me coló por la boca y la panza, y siempre me genera apetito pensar en las infinitas posibilidades que caben en una tortilla, en las hierbas y hojas que condimentan salsas y caldillos, en los matices que se logran con el uso de cada chile, en el maravilloso agave que crea fascinantes mezcales y tequilas, y en la huella que deja el maíz en cada tortilla que se amasa con las manos. ¡Que viva México y sus fogones!