En el Hotel Mayaland todo es espectacular salvo el incomible bufet que ofrecen, el cual carece de sabores locales.

 

Por Claudio Poblete

Hace un par de días regresamos de la edición 2016 de Kooben Encuentro Gastronómico del Mayab, la cual tuvo lugar en el estado de Yucatán. Durante una semana disfrutamos de la espectacular gastronomía de la península en compañía de más de veinte editores especializados en gastronomía, a quienes convocamos a vivir un recorrido culinario por la entidad.

Una de las paradas fue el espectacular Hotel Mayaland, ubicado en una antigua —pero perfectamente conservada— construcción tipo hacienda, con un bello jardín donde decenas de cabañas estilo maya son acompañadas por una vegetación impresionante. El resort es un ícono de la zona arqueológica de Chichén Itzá, considerada una nueva Maravilla del Mundo, y es —desde hace décadas— Patrimonio de la Humanidad.

Todo iba bien en nuestra estancia hasta que llegamos a cenar después de presenciar el espectacular show de luz y sonido de la zona. Claramente estábamos con la idea de degustar una cena con sabores locales, como se hubiera esperado por el entorno; sin embargo, tuvimos que conformarnos con el que sin duda ha sido el peor bufet de cocina internacional en años.

El bufet: una opción incomible

No imagine usted que por lo menos había una sopa de lima mal hecha. No, en su lugar había una incomible crema de elote cuyo principal ingrediente era una abundante cantidad de maicena: un engrudo impresentable. Así desfilaban en los refractarios albóndigas sobrecocidas con gravy de cajita, espaguetis con jitomate de lata, pescado sobrecocido con verduras secas; además, un simpático oso hecho de frutas acompañaba la mesa de postres, donde lo imposible se hacía realidad: gelatina mosaico mal hecha y un flan que cualquier abuela hubiera tirado a la basura en el primer acto.

El servicio: poco amable

Hablé con el muy poco amable gerente del lugar, quien aseguró que eso es lo que piden los turistas; cabe recalcar que más del 50 % de la ocupación era estadounidense. Aquí es donde creo que se equivoca. No, señor gerente: no es lo que pide el visitante, es lo que ustedes ofrecen como única opción. Consultamos la carta para saber si podíamos salvarnos del horrendo bufet de la cena; en ella no había ni por asomo un panucho, un salbute, un plato de longaniza de Valladolid (localidad que está a 40 minutos del lugar y que hace uno de los mejores embutidos de México). Tampoco había nada con pavo local, lo único que había es una de las más hermosas locaciones para un hotel, con la peor cocina de México. En lo personal llevo años pugnando porque en todos los hoteles de México se tenga un apartado de cocina local, y más allá, si México es uno de los países que más frutas legó al mundo, no entiendo por qué seguimos ofreciendo en la mañana los clásicos de siempre: melón, papaya y piña.

Una mejor alternativa

Pero no todo está perdido. En otra entrega de esta columna les platicaré lo bien que me fue el otro día en el bufet de desayuno del Hotel Camino Real Zaashila en Huatulco, donde tamalitos de mole negro compartían la barra con los tradicionales hot cakes. No digo que se ofrezca solamente cocina mexicana, pero sí que comencemos a mostrarle a nuestros visitantes la riqueza culinaria de nuestro país y que, si vamos a hacer cocina internacional, sea con los mejores estándares y no escudarnos en que es “cocina para gringos”.

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