Echa un vistazo a estas iniciativas que demuestran cómo a través de la comida y la cooperación se puede cambiar el mundo. 

 

Por Mariana Castillo Hernández. Mahatma Gandhi retó al imperio británico recogiendo un poco de agua de mar en sus manos. Eso estaba prohibido: los ingleses monopolizaban la producción de sal. Él decidió darles un mensaje poderoso como parte de su desobediencia civil, pacífica y contundente. La grandeza de esos granos de sal en sus palmas dio a los indios una idea de libertad. Ese acto simbólico en la historia debe seguir sirviendo como analogía e inspiración.

En 2016 hubieron proyectos y personas que hicieron aportes a la comunicación de temas importantes en el ámbito alimentario desde aristas que no están en lo gastronómico. Mencionaré algunos ejemplos significativos que tienen alcances en públicos distintos a los que de forma natural se interesan en la comida.

Sunú, de Teresa Camou

Teresa Camou nos hizo confirmar con su documental Sunú —cercano, crítico y poético a la vez— el hecho de que el maíz y su defensa es un tema con presencia de varios años atrás en la agenda de activistas quienes en la actualidad buscan otras plataformas para su causa, que también es la de muchas comunidades indígenas y rurales, pero también en las ciudades.

Ella presenta una radiografía de Chihuahua, Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala y Veracruz en la que familias, campesinos e industriales narran en qué estatus se encuentran sus cultivos y cómo les afectan los transgénicos o los planes de desarrollo homogéneos.

Tráiler “Sunú” (dir. Teresa Camou) from AMBULANTE on Vimeo.

 

Llévate mis amores, de Arturo González Villaseñor

En este documental Arturo González muestra cómo Las Patronas, célebre grupo de mujeres veracruzanas, alimenta a los migrantes que pasan en La Bestia. Estos hombres y mujeres olvidados por un sistema desigual y acechados por peligros como narcos o autoridades corruptas reciben ayuda de aquellas a las que tampoco les sobra. El mensaje central en el audiovisual es la unión de la sociedad civil para compartir. Sin importar el sabor, lo humanitario trasciende.

No se pierdan ambos documentales, dos grandes referentes sobre lo que el discurso en imágenes puede aportar a la salvaguardia de algunos ingredientes, como el maíz o bien, entender los fenómenos sociales, a partir del derecho a la alimentación.

Llévate mis amores, de Arturo González Villaseñor

Llévate mis amores, de Arturo González Villaseñor

 

¡Salvemos las palomitas de maíz mexicano!

Hablando de logros me gustaría contarles de Rafael Mier, quien dirige la iniciativa de Tortilla de Maíz Mexicana, recientemente consiguió el financiamiento esperado (y un poco más) en una Kickstarter para el proyecto para salvar al maíz palomero, una variedad en extinción. Al hablar con él para saber más sobre esta buena noticia finalizó la charla con una frase esperanzadora: «Vamos a entrarle poco a poco. Ya verás que se irá cambiando el mundo de la alimentación».

Todos estos esfuerzos tienen algo en común: son congruentes en forma y fondo, pero sobre todo tienen que ver con soberanía alimentaria, contexto sociopolítico, transdisciplina, patrimonio agroecológico y orgullo por lo propio (sin que estemos cerrados a lo que viene de afuera, ¡ojo!).

«Soberanía alimentaria» y «patrimonio» son temas que deben estar cada vez más en agendas públicas y mediáticas de forma inclusiva y comprensible, sin tantas abstracciones. No solo deben servir para justificar los intereses de unos cuántos. Es inútil que ambos términos se repitan una y otra vez en discursos politizados e inalcanzables.

Rafael Mier, creador de la inciativa ¡Salvemos a las palomitas de maíz mexicano! / Foto: Facebook

Rafael Mier, creador de la inciativa ¡Salvemos a las palomitas de maíz mexicano! / Foto: Facebook

 

¿Qué esperaría de este 2017 para el ámbito alimentario a nivel comunicativo?

Que haya más debates y apertura, así como diversificación de opiniones de los involucrados del campo al restaurante; que exista un mayor análisis de contextos e información; que sea menos la «corrección política» y que no todo sea hedonismo ni entretenimiento.

Hay quienes ya lo hacen y muy bien, pero se necesita mayor énfasis y nuevas voces desde diferentes ámbitos. Hay un campo amplio a explorar desde los voceros de la ciencia, la investigación y el arte relacionado con la comida que tienen otras miradas necesarias.

También sería deseable que la divulgación sobre la comida y la alimentación permee cada vez más otras esferas distintas a los comilones, sommeliers, chefs y demás involucrados. El reto está en encontrar las formas para llegar a más personas y generar un impacto que mueva ideologías y genere acciones.

«Estudiar a la comida por lo general requiere cruzar los límites de la disciplina y hacer preguntas inconvenientes», afirmó Warren Belasco en su libro Food, the Key Concepts y estoy de acuerdo. Hay que aportar más granitos de arena para que la diferencia en el tiempo sea visible, significante.

*Mariana Castillo es periodista de comida y viajes.

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