Hoy es el Día Internacional de la Mujer. ¿Cómo la pasan las mujeres en el mundo gastronómico? «Antes de llamar ‘feminazi’ a quien te diga que es feminista, reflexiona», opina la periodista Mariana Castillo.

 

Por Mariana Castillo. Vamo’ a calmarno’: «feminista» no es mala palabra. Puede ser incómoda e incomprensible para algunos pero no debería causar escozor o volverse pretexto para escuchar frases como: «Ay, ¿entonces eres luchona, madre y pastel de tres pisos a la vez?» o «Si hay Día de la Mujer, ¿cuándo es el del hombre?».

Soy feminista. Eso no me hace mejor ni peor persona. Tampoco soy una loca odia-hombres: pensar eso es caricaturizar la situación. Pero ¿por qué hablar de feminismo en la cocina?

Es algo histórico que madres y abuelas fueran guardianas de la economía familiar, el alimento diario y su preparación en diferentes culturas desde la antigüedad. Es una fortuna pero no todas eligieron ese rol. Antes, preparar los alimentos era un deber. Recordemos «Lecciones de cocina», el magistral cuento de Rosario Castellanos, y la arcaica creencia «las mujeres a la cocina».

A algunas les gustaron esas tareas pues saben que la lógica comunitaria trasciende al género y se trata de cooperación. Otras más se fueron autodescubriendo en el fogón y gracias a él pudieron tener recursos para mantener a sus familias y encontrar otras formas de libertad. No es empoderamiento: es resistencia y cambio de paradigmas.

En los encuentros de cocina tradicional vemos a mujeres con trajes y guisos propios de su cultura. ¿Hermoso? Sí, por supuesto, pero quedarnos con esa idea es ingenuo y cómodo, más si queremos un pensamiento crítico.

La era de la patrimonialización genera ideas preconcebidas —casi publicitarias— de cómo debe verse y ser una «verdadera mujer del humo»; de lo que se espera de ella. Es fácil romantizar y folclorizar a las cocineras. Quien me sirve un churipo en pants es tan valiosa como la que lo hace en su traje de fiesta. La identidad es más profunda. Al platicar con ellas y acercarme a su intimidad y contexto he encontrado que muchas han sufrido violencia intrafamiliar y machismo en sus comunidades.

La activista Eufrosina Cruz contó en el Women’s Forum Mexico 2016 que se idealiza a la mujer indígena: deben saber hacer tortillas y moles, ¿pero quién habla de la miseria y el lado B de las costumbres? Habrá otra realidad cuando no se les vea como bichos raros y arqueológicos fuera de sus lugares de origen y en la política. Ella no habla de feminismo ni se ubica en él pero sabe que este tiene que ver con la búsqueda de inclusión y justicia.

¿Cómo la pasan las mujeres en el mundo gastronómico?

Al hablar con mujeres que trabajan en el ámbito de la restauración se acepta que hay acoso sexual, burlas, bloqueos a puestos de poder y la idea de que por ser mayor debes ganar menos que un chef. En México, la brecha salarial de las mujeres respecto de los hombres es de entre 15 y 20 por ciento en promedio, según la Organización Internacional del Trabajo, aunque ambos desempeñen trabajos iguales. Solo cuando tienen puestos directivos hay incrementos.

El ámbito de la investigación en nuestro país tampoco escapa. Las doctoras Catharine Good y Laura Corona de la ENAH aceptan que en la academia algunos siguen pensando que la cocina es trivial. Si tu trabajo no tiene que ver con ritualidad, pasa a segundo plano.

En Europa y Estados Unidos se discuten desde hace décadas teorías críticas. En las universidades más prestigiosas hay programas de Food Studies orientados a antropología y etnología de la comida en las que el feminismo es arista fundamental. Mientras allá se habla de interseccionalidad y encarnación, no de «empoderamiento» y girl power banalizado, en nuestro país sigue dando miedo que nos estigmaticen por ser rebeldes y revoltosas.

El Día Internacional de la Mujer recuerda lo esencial de la defensa por derechos, la necesidad de acabar con el machismo y los feminicidios. También es una oportunidad de decir que no somos estereotipos. ¿Cuántas portadas en revistas hemos visto que destacan lo bien parecidas que son las chefs como si fuera necesario hablar de estética antes que de talento? ¿Eso ayuda a generar un cambio?

Layla Sánchez Kuri, especialista en estudios de género, explica que en México además de los temas universales se plantea incluir a las mujeres indígenas, negras y lesbianas y sus propias luchas culturales. La descolonización del feminismo cuestiona y propone ver realidades de grupos marginados y excluidos, dice.

Antes de llamar «feminazi» a quien te diga que es feminista, reflexiona. El feminismo está en contra de la desigualdad. La mejor forma de debatir y construir otra sociedad es con información y empatía, no con juicios de valor e ignorancia.