Cuatro siglos después de la caída de Roma, en el año 813, cuenta la leyenda que en Galicia fue descubierta la tumba del apóstol Santiago el Mayor.

 

Tal descubrimiento fue motivo de numerosas peregrinaciones de todos los rincones de Europa para visitar los restos de uno de los discípulos predilectos de Jesucristo. La principal ruta por donde viajaban los peregrinos es hoy conocida como “El Camino de Santiago”, el cual inicia en la villa de Roncesvalles, en el Pirineo navarro, y concluye en la ciudad gallega de Santiago de Compostela.

 

A muchos peregrinos les tomaba años llegar a Compostela desde sus lugares de origen, para lo que necesitaban una infraestructura que brindara hospedaje y alimentos a lo largo del Camino.  La única institución capaz de otorgar tales servicios indispensables para los peregrinos medievales era la Iglesia. A lo largo del Camino se establecieron numerosos monasterios para brindar hospedaje a los peregrinos que deseaban visitar la tumba del patrono de España.
El vino es indispensable para el principal rito de la iglesia católica, en consecuencia, el cultivo de la vid en los monasterios que se encontraban a lo largo del mítico Camino se expandió, dando origen a muchas de las principales regiones españolas productoras de vino tales como Navarra, Rioja, Ribera del Duero, Bierzo o Rías Baixas entre otras. Muchos peregrinos prescindían a veces de lo elemental, pero, ¿prescindir del vino? Nunca, si no el viaje estaría incompleto.
Los invito a iniciar su Camino en el fascinante mundo del vino, probando diferentes estilos. “Bienaventurado eres peregrino, si en el camino te encuentras contigo mismo y te regalas un tiempo sin prisas para no descuidar la imagen de tu corazón”.
¡Salud!