Es imposible pensar en una buena comida sin el vino como acompañante.

Pero una gran obra, al igual que un memorable banquete, forzosamente debe concluir con un digno final y qué mejor colofón para un festín que el destilado por excelencia: el cognac.

Existen algunos mitos sobre este histórico destilado. El primero va en función de las copas. Muchos restaurantes en México, cuando sirven el cognac, utilizan unas copas que parecen copón de iglesia.

En el mercado podemos encontrar copas especiales para destilados, pero en caso de que no las tengan pueden utilizar las copas para jerez o incluso las copas de tequila (no caballitos), que por mucho serán mejores que esas grandes copas, ya que por su forma, cuando esta bebida entra en contacto con la lengua, no entra directamente, sino que se esparce armónicamente por toda nuestra cavidad bucal, teniendo como consecuencia una sensación más placentera que si se tomara en una copa gigantesca.

Junto con el mito de la copa existe también el de la temperatura. Se acostumbra que al tomar cognac lo calentemos con nuestras manos para “quemarlo”.

Químicamente esta aseveración es correcta; sin embargo, como consecuencia de este calentamiento se volatilizarán todos los aromas que durante tantos años se lograron con el añejamiento, y el alcohol predominará en esta gama aromática opacando todos lo demás.

Sin embargo, al beberlo calentado por nuestras manos, sentiremos una sensación de causticidad que, lejos de causarnos mayor placer, hará que el alcohol contenido en esta bebida se perciba como más agresivo.

Para disfrutar toda la gama de aromas y sabores que contiene naturalmente, se recomienda servirlo a una temperatura entre 12° y 14°; es dentro de este rango en el que se puede experimentar todo su potencial.

Como recomendación de maridaje, el cognac se puede acompañar con una de las grandes aportaciones de Mesoamérica a la gastronomía mundial: el chocolate en cualquiera de sus manifestaciones: fondue, bombones, pasteles, entre otras delicias elaboradas con el fruto del árbol de cacao, son un gran complemento.

¿Qué les parecería terminar una comida con un apetitoso fondant de chocolate, acompañado de una copita de cognac? También atrévanse a probar esta bebida sin mezclar y dejen que el rey de los destilados les muestre sus mejores atributos. ¡Salud!