El chef Edgar Núñez reflexiona sobre la importancia de enseñar a comer bien a los niños desde temprana edad para que sepan valorar la gastronomía mexicana.

 

Todos sabemos lo terrible que sería que se perdiera parte del acervo cultural gastronómico de México. Sería algo horrible ir al puesto de barbacoa que tanto te gusta y que ya no la hicieran porque la gente no la come. Así, quién sabe cuántos guisos o platos de nuestra cocina se han perdido a través del tiempo.

Me desconcierta mucho cuando llego a un restaurante y veo que tienen estos menús infantiles. Por lo general, la oferta para los más pequeños consiste en comida industrializada, llena de grasas trans, alta en sodio, químicos y azúcares dañinos para el ser humano. ¿Cómo estamos educando el paladar de nuestros hijos? ¿Qué estamos haciendo como padres al maleducar así al futuro del país (gastronómicamente hablando)?

Los primeros años son los más importantes para desarrollar la memoria olfativa y gustativa de los niños; si los maleducamos les hacemos un daño irreversible. Por eso llegan a la edad adulta y no les gusta comer nada, porque les acostumbraron a comer mal. Al no saber comer, no sabrán apreciar nuestra gastronomía, nuestra cultura y, si esta tendencia sigue en ascenso, en un futuro podría desaparecer.

Aprender a comer es aprender a reconocer que la buena cocina está en una tortilla de calidad, en unos buenos frijoles y también en un mole bien preparado. Debemos enseñar a reconocer lo bien hecho, a diferenciar una tortilla de harina de una de maíz, o de una de maíz nixtamalizado, cuya calidad y sabor no son siquiera comparables. Si no hacemos nuestra parte como padres y dejamos que esto siga sucediendo, mi pronóstico es que cada día comeremos peor, perderemos parte de nuestra identidad y perderemos productos y preparaciones porque nadie las querrá comer.

Los invito y les llamo a que eduquemos a nuestros hijos a comer bien, a oler, a probar. Habrá, como todo, cosas que les gusten y otras que no; también es muy válido, pero para que puedan tomar esa decisión tendrán que haberlo probado antes. Estoy convencido de que una persona que sabe comer y disfruta hacerlo es más feliz que la que no. Hagamos niños y mexicanos felices.

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