Puedes usar el clavo para condimentar platillos dulces o salados, siempre y cuando lo manejes con discreción.

Sin temor a equivocarme, podríamos revisar los especieros de cientos de casas y encontrar un frasco reutilizado guardando alguna especia. En casa de mi abuela ese frasco guardaba clavos de olor, de los cuales nunca vi disminuir la cantidad, pues no recuerdo recetas de la cocina de mi abuela que llevaran “clavitos”.

Los clavos de olor (Syzyium aromaticum) provienen de un árbol y son los botones florales que se retiran antes de ser flor y se dejan secar al sol, cambian su tonalidad de rosado a café oscuro o rojizo. Se pueden obtener dos veces por año y suelen ser temporadas de julio a septiembre y de noviembre a enero.

Los principales productores son Zanzíbar, Madagascar e Indonesia, pero este último consume casi la totalidad de su producción y deja poco para exportar.

El clavo puede utilizarse en comida dulce y salada, respetando una regla: discreción. El clavo debe de usarse en muy pequeñas cantidades, pues es muy potente, tiene la capacidad de opacar a casi todas las especias y saturar el paladar.

El sabor es amargo y ligeramente picante, da una sensación de adormecimiento momentáneo en el paladar, pero un dejo floral que perfuma las preparaciones. No lo olvidemos, el clavo es una flor que pudo ser, pero no la dejaron.

El clavo debe usarse en cantidades moderadas.

El clavo debe usarse en cantidades moderadas.

En los climas fríos, en temporada de invierno, se prepara el famoso Mulled wine, una receta con vino tinto, azúcar, cáscara de naranja, canela, clavos y en algunos casos un poco de anís. El muy popular Massala chai (mal llamado té chai), por ejemplo, debe en gran parte su peculiar sabor al clavo que, junto con el té negro, aporta un ligero amargor perfumado y delicioso. La coctelería moderna prepara bitters con clavo (similares al Amargo de Angostura) y los agrega a cocteles como el Old Fashioned y hay varios gin tonic que también los emplean.

Un pay de calabaza americano, de esos del Día de Acción de Gracias, tiene un poquito de clavo para balancear el dulzor y perfumar.

Estoy segura de que ese frasco de clavos de mi abuela ya no huele a nada y tampoco sirve para cocinar, pues los clavos tienen una vida media de aproximadamente un año. Pero la alacena de mi abuela es una de esas pocas certezas que tiene la vida: nada cambia en ella aunque pasen los años y el mundo se vaya al traste.

El clavo es como un cliente muy serio al que no sabes cómo tratar, si le hablas con educación, lo pones en su ambiente, lo llevas a comer a un buen lugar, es feliz, se suelta, se echa un par de tequilas y hasta un par de canciones canta contigo en el karaoke.