El enólogo René Rentería escribe sobre su más reciente experiencia en Francia, para la degustación en primeur de la cosecha 2016 de los mejores vinos de Burdeos.

 

Como cada primera semana de abril, tuve el privilegio de ser el único latinoamericano invitado por la Union de Grands Crus de Bordeaux a una de las catas más notables: la degustación en primeur de la cosecha 2016 de los grandes vinos de Burdeos.

La grandeza de este evento la confieren sus concurrentes —compradores, periodistas y especialistas de todo el mundo—, que se trasladan cada año a Burdeos, capital mundial del vino, para probar la cosecha del año anterior, una vez elaboradas las mezclas de los vinos y antes de su paso definitivo por barrica, para expresar sus puntos de vista.

De acuerdo con las opiniones y puntuaciones que los principales expertos internacionales —como Robert Parker, Jancis Robinson o la revista inglesa Decanter— otorgan a estos míticos vinos, los négociants de vino bordalés fijan un precio para su venta en primeur, es decir, por anticipado, que se libera hasta dos años después de su cosecha. Es una operación idéntica a la de compra de futuros en cualquier bolsa de commodities.

La venta por anticipado representa una inversión para quien compra estos vinos cuando se fijan los precios, porque una vez liberados —cerca de dos años después—, su costo incrementa considerablemente.

La cosecha 2016 ha sido la más notable desde 2010. El clima, sumamente favorecedor —con lluvia excesiva en primavera y un verano moderado—, permitió el buen desarrollo fenólico de la uva, repercutiendo directamente en el color y sabor de la misma. Los vinos blancos secos fueron buenos. Los grandes dulces de Sauternes no destacaron por su frescura sino por la concentración en fruta dulce. Los vinos tintos fueron en general sobresalientes con colores notables, muy frutales y sin notas herbáceas, destacando su textura y agradable frescura que anticipa muchos años de añejamiento para las grandes bodegas.

Burdeos, en primeur: una cata muy compleja. / Foto: ESPECIAL

Burdeos, en primeur: una cata muy compleja. / Foto: ESPECIAL

Se preguntarán cuáles son los parámetros para catalogar una cosecha como extraordinaria. Los constituyentes principales del vino (alcohol, acidez y astringencia) tienen que estar en equilibrio sin que destaque uno sobre otro y adicionalmente en boca debe tener un retrogusto muy prolongado, dejando sabores placenteros. Según la Universidad de Burdeos, los grandes vinos de esta región –territorio de la corona inglesa durante la Edad Media—, tienen cada año como característica esencial «la paradoja de Burdeos», que consiste en lo siguiente:

  • Taninos sin astringencia: esta sensación de sequedad en la boca, aunque debe estar presente en los vinos, no debe agredir al paladar ni opacar los otros elementos.
  • Frescura sin acidez: la acidez es la columna vertebral del vino, pero su presencia no debe percibirse como si mordiéramos una fruta verde, sino como elemento armónico con todos los constituyentes del vino.
  • Dulzor sin azúcar: sin que se manifieste como una cucharada de azúcar en la boca, un gran vino debe ser «goloso»; es decir, que nos dé una sensación tan placentera y apetitosa que nos invite a beber otro sorbo. Probé más de cien vinos, por ello es imposible describir con justicia todos los grandes vinos paladeados. No obstante, compartiré con ustedes tres de mis favoritos que además pueden encontrarse en México.

1. Château Brane-Cantenac: mi favorito. Elegantísimo, potente, rico, fuera de serie, y me atrevo a decir: épico. Un vino que durante muchos años fue elaborado por la enóloga mexicana Lourdes Martínez Ojeda. Este año considero que fue superior a Chateau Margaux.

2. Château La Lagune: el más destacado de Haut-Médoc. Nariz sutil y compleja, con un paso por boca sublime, en un retrogusto con astringencia moderada que además tiene un precio accesible.

3. Château Talbot: la sorpresa de Saint Julien. Nariz muy floral con recuerdos de violetas, grosellas, anís y hoja de aguacate; en boca confirma su calidad con un final largo y muy placentero Un gran vino es aquel que produce placer en todos sus aspectos y además, es elegante y equilibrado. Pero, sobre todo, un gran vino es aquel que nos eleva el espíritu… tal como lo exalta una magnífica obra de arte. ¡Salud!

Visita también: Vino rosado: ideal para iniciarse en el mundo del vino