El hombre lleva más de seis mil años tomando la más noble de las bebidas, por lo que no tiene que ser exclusivo de unos cuantos iluminados. 

Desafortunadamente en México todavía se considera al vino como una bebida elitista. Según cifras oficiales, el consumo de vino se incrementó nuevamente el año pasado; sin embargo, uno de los principales inconvenientes es la forma en que se comunica.

Cuando alguien se acerca a este fascinante tema, quienes nos dedicamos profesionalmente –productores, sommeliers, o periodistas-, utilizamos un lenguaje técnico, muchas veces sin fundamento y lejos de atraer a nuevos consumidores los alejamos, haciéndolos sentir que no son dignos de esta milenaria bebida.

Un error muy común es que muchos expertos piensan que los consumidores siempre deben catar el vino. Gran error. Quien tenga la inquietud de dedicarse profesionalmente al tema, tendrá que llevar a cabo este análisis sensorial cada que prueba un vino, pero éste no nació para ser catado. La cata corresponde a un examen de control de calidad.
Los consumidores solo quieren disfrutarlo, no les interesa sus aromas o que tan verdes están los taninos, sino saber si será placentero. La pedantería, poses ridículas y tecnicismos no ayudan a incrementar su consumo.

Erróneamente suponemos que, por aplausos recibidos, los oyentes nos comprendieron. Nada más lejos de la realidad. Los consumidores buscan en el vino placer, la labor de un comunicador es transmitir las sensaciones placenteras que obtendremos al beberlo.

El hombre lleva más de seis mil años tomando la más noble de las bebidas, por lo que no tiene que ser exclusivo de unos cuantos iluminados. El vino es goce, no pose. Queridos lectores, hoy, esta incisiva pero siempre documentada e informada columna, cumple trece años de publicarse ininterrumpidamente en El Financiero. EL ESCRITORIO DE BACO es hoy la columna más antigua dedicada al vino en México. Gracias por leerme. Feliz 2018.