Te explicamos qué debes considerar a la hora de escoger aceites vegetales para cocinar, con el fin de usar el mejor para tu organismo.

 

Por Gabriela Morales. Actualmente las tendencias de una alimentación saludable son un tema que todo mundo dice conocer y dominar. Siempre hay alguien que recomiende «el mejor alimento, el más saludable y el que haga el mayor bien». Estos consejos no siempre son certeros y no tienen los mismos resultados en todos los individuos.

El consumo de grasas es un tópico que siempre se pone sobre la mesa al hablar de nutrición. La situación actual de salud en México es preocupante debido al índice de obesidad y de las enfermedades que se detonan por sobrepeso y obesidad, como el síndrome metabólico o la dislipidemia (alteración en la absorción de grasas, causante de colesterol alto y sus repercusiones).

De mala manera se sataniza el consumo de grasas añadidas, como es el caso de los aceites comestibles; sin embargo, es importante saber que algunos de los ácidos grasos necesarios para el ser humano, como las grasas poliinsaturadas, no pueden obtenerse más que consumiéndolos de fuentes externas.

Para no caer en ningún extremo, es importante recordar que el secreto de la buena salud está en la moderación. ¿Por qué privarse de una ensalada debidamente aderezada o de un bocado crujiente que pasó por fritura profunda?

Entre la oferta de aceites vegetales existen algunos que pueden utilizarse para cocinar, e incluso para freír, sin temor alguno. Si se trata de exponerlo a altas temperaturas, la clave está en el punto de humo; cuanto más alto, mejor.

En la siguiente tabla se plasman algunas características de los aceites vegetales más consumidos en México, para facilitar la decisión de cual usar.

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Punto de humo: temperatura a la que el aceite comienza a descomponerse, alterando los lípidos y la absorción de ellos.

Grasas poliinsaturadas: grasas de origen vegetal, su estado es líquido a temperatura ambiente. Reducen triglicéridos en la sangre, nivelando el colesterol y aumentan las lipoproteínas de alta densidad, encargadas de limpiar las grasas de baja densidad, las cuales se acumulan en las venas y arterias.

Grasas saturadas: obtenidas en su mayoría de animales. Su consumo se relaciona con el aumento de colesterol en la sangre.

Es importante conocer las propiedades de los alimentos y saber de qué forma benefician o afectan la salud y cómo pueden alterar las preparaciones culinarias. Ciertamente no es lo mismo freír en manteca animal, la cual está llena de grasas saturadas y sabores ajenos al alimento a preparar, que hacerlo en aceite de oliva, que al calentarse transforma sus grasas «buenas» en grasas «malas». Para respetar las cualidades del producto que se está cocinando, siempre es mejor elegir una opción neutra y buena para la salud.

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